lunes, 28 de mayo de 2018

Psicología del arte: La percepción y lo simbólico


Perún, importante dios de la mitología eslava, dios del Panteón, del rayo, del trueno, como también de la guerra y del fuego.


Una muestra gratificante de la amplitud de la psicología es el estudio que se dirige a las manifestaciones artísticas. El presente fragmento pertenece a la introducción de un ensayo sobre «Psicología del arte marginal» que redacté como virtual coartada para el tema del desarrollo moral. Me es grato argumentar sobre el proceso creativo del artista y la apreciación del espectador, pero no he incluido el proceso cerebral y otros procesos psicológicos, por ahora, con el fin de facilitar la fluidez de su lectura. Sin más, posteo parte de lo referido a lo Antropológico-Filosófico circunscrito en la referida introducción.

«El arte es un regalo de emociones que nuestra sensibilidad nos permite experimentar». Estas palabras hacen referencia a aquello que sucede cuando nuestros sentidos descubren y recogen la información que se procesará dentro de un sistema complejo. También, cuando nuestra memoria emocional trabaja, evocando abstracciones o experiencias vividas. Ambas nos llevarán a experimentar reacciones o manifestaciones fisiológicas, muchas veces sin advertirlas.

Resulta elevado para muchos con el arte, porque los estímulos que generan estas respuestas exaltan lo «simbólico» de una manera particular. Las formas, trazos, contrastes o matices de una pintura pueden concebir una grata experiencia. De igual manera las notas, sonidos, melodías o movimientos de una pieza musical. En general los variados elementos que componen los objetos de arte o su conjunto pueden despertar nuestras emociones.

¿Por qué somos sensibles a estos estímulos? Por la percepción. Interpretamos los estímulos que hemos recibido a través de los sentidos, construyendo una realidad respecto a ella. Son muy diversos los sentidos involucrados con la percepción: visual, espacial, auditiva, olfativa, táctil, del equilibrio, de la forma, del tiempo, inclusive del dolor y otros. Los sentidos suelen trabajar simultáneamente.

Se selecciona y organiza la información que está ligada a las experiencias previas y significativas del sujeto frente al estímulo. Tal vez llamen nuestra atención por su belleza o características estéticas, o contengan una historia de vida con elementos significativos que van más allá de las emociones y surjan sentimientos gracias a la interacción emoción - pensamiento racional. Así, nos identificamos, conmovemos, apasionamos, sucumbimos o solo nos sentimos atraídos por ella. Más aún, si tenemos este llamado «sentido estético», ardorosamente cuestionable hoy, en virtud de una realidad más que diversificada.

Sobre lo simbólico; casi la mayoría de estudios sobre el arte se dirigen inicialmente al rupestre, y es de suponer, porque se aprecian claramente indicadores básicos que, inclusive, se mantienen hoy. Leroi-Gourhan, introdujo el método científico en el estudio del arte rupestre, afirmando que son claramente visibles las interpretaciones binarias o asociaciones femenina-masculina en muchas de las pinturas u objetos descubiertos. El primer elemento de esta asociación, la mujer, ocupa un lugar preponderante; nos hace suponer que representa a quien señaló el camino que siguió nuestra civilización hasta lo que somos actualmente, y lo demuestran las estatuillas llamadas venus paleolíticas. Además, la tosquedad y ordinariez de los miembros de aquellos grupos difieren sobremanera de estas piezas llenas de delicadeza y oficio, y nos llenan de interrogantes. ¿Lo estético estaba relacionado con lo funcional de las piezas o representaciones gráficas? ¿Es posible hablar de la búsqueda de lo estético en estos estadios? Respecto a lo simbólico, ¿Si la representación simbólica del arte tiene un desarrollo superior en relación al realismo, cómo debemos considerar la representación simbólica del arte rupestre?


Leroi-Gourhan supone la representación femenina-masculina en las piezas paleolíticas. La figura de la mujer se maximiza dentro de las expresiones artísticas primarias.


Ya hemos citado a Ernst Cassirer, quien nos plantea uno de los más importantes panoramas cuando nos instó a comprender al ser humano como un animal simbólico: creador de un universo simbólico. El arte, como él dice, es una forma simbólica, una forma de configurar el mundo y organizar la experiencia. Esta ordena la percepción de las apariencias que se pueden ver, oír y tocar; similar a como la ciencia ordena los pensamientos y la moral las acciones. Para Cassirer, el arte es un lenguaje que atiende las formas de las cosas. La percepción estética comparada al de la ordinaria, pertenece a un orden más elaborado, como resultado no se reproducen impresiones sino que se crean formas sensibles, no abstractas.

El arte es un tipo de lenguaje que utiliza símbolos intuitivos. Esta actividad no indaga las cualidades o las causas como lo hace la ciencia; el arte ofrece la intuición de sus formas. El artista es un descubridor, no un repetidor, modifica y limpia la realidad, y estimula estéticamente a quien contempla su obra.

La creación de símbolos, para este importante pensador nacido en Breslavia, Polonia, es exclusiva del ser humano, quien transforma un contenido individual que representa algo universal para el entendimiento. Toda forma simbólica (la ciencia, el arte, el lenguaje, la religión, el mito) tienen un significado que brota del interior hacia el exterior.

La psicología reafirma el pensamiento de Cassirer respecto a la percepción y la creación intuitiva. No obstante, la importancia de su pensamiento, debemos entender que no es este universo simbólico un mundo ficticio, no lo es; en todo caso, reconozcamos la presencia de elementos del mundo, que existen antes de ser cultura y las configuran como tal. En todo caso, nos compete reflexionar al respecto de las ideas del estudioso, desaparecido en 1945, según nuestra actualidad.

Además, en este universo simbólico el hombre interpreta el símbolo anteponiendo sus prejuicios… aquí el problema.

El arte está lleno de subjetividad. El artista puede ser místico, evidenciar que es vidente o tener cualquier otra condición imaginaria, o estar apartado de la realidad. Puede estar fuera de los cánones sociales, violar las leyes o cometer excesos que dañen su integridad o la de los demás. Incluso, ser un académico autoexigente, racional, dogmático, o pertenecer a la élite intelectual de una sociedad culta. Sea cual fuere su condición y pensamiento, aquel justificará la ejecución de su producción creativa. Entonces, ¿existe arte o artista? El contexto y en definitiva la sociedad determinarán, finalmente, el reconocimiento del artista y su producción.

De ahí que, el arte resulte complejo de entender cuando no se comprenden los elementos que componen este universo simbólico llamado cultura. No olvidemos que la actividad creativa se convierte también en un elemento indispensable de cambio cultural. El artista tiene la capacidad creativa para abordar estos elementos desde su sensibilidad emocional, razonando que hacer con esta realidad, y motivándose a actuar bajo su característica personal, mejor dicho, desde su personalidad. Comprender nuestro universo simbólico y en especial el arte, implica reconocer la diversidad que está frente a nuestros ojos.



El arte nos acompaña desde nuestros orígenes, como expresión emocional, funcional y como elemento cultural de las sociedades. El arte reafirma culturalmente.


Luis Enrique Olaya Céspedes

Psicología del desarrollo moral



lunes, 5 de febrero de 2018

Madurez moral




«La esclavitud más denigrante es la de ser esclavo de uno mismo». Séneca, el gran filósofo, político, poeta, escritor, reconocido como el tutor de Nerón. El gran estoico llevó al emperador en los cinco años iniciales de su imperio por el camino de sus ideales; pero, pasado ese tiempo, se abre al mundo el nefasto personaje, poseedor de grandes alteraciones psicológicas, que haría de la perversión su herramienta cotidiana. Las enseñanzas de Séneca no fueron suficientes. Finalmente, se suicidó, cortándose las venas o asfixiándose con vapor, escapando definitivamente del alterado mental.


Recuerdo que en el internado de psicología, en el Hospital San Bartolomé, hice una exposición respecto al razonamiento moral para los doctores e integrantes del servicio, sin abordar más de lo que implica el amplio conocimiento de la psicología del desarrollo moral. Fue una exposición objetiva, ya que era parte del equipo que abordaba a las gestantes adolescentes y eran necesarias muchas propuestas de aplicación y de análisis por ser una problemática diaria. Uno de los doctores, de amplia experiencia y quizá el más académico de todos, y que además profesaba ideales cristianos, hizo un comentario inmediatamente después de mi presentación y de las formales felicitaciones del resto de asistentes: dijo que todo era interesante, pero que no dejaba de ser un tema filosófico. Su expresión me hizo reflexionar. Es cierto, también es filosofía, porque es conocimiento y posee una estructura como tal, mas la expresión «no dejaba de ser» sí que me preocupó: el Doc no conocía a Lawrence Kohlberg y su trabajo; o tal vez sí, pero muy superficialmente, no lo culpo, justificándolo por la amplitud de aspectos que competen a la psicología. No obstante, también habían en la sala psicólogos que sí estaban al tanto, e inclusive uno de ellos, especializado en neuropsicología, me pidió que por favor explique un poco sobre el proceso transitorio entre Piaget y su entonces discípulo Kohlberg y por qué este, Piaget, no había continuado lo que el americano sí llevó hasta lo que conocemos hoy. Situación que sirvió como excusa para ampliar al respecto.

Luego de aquello, me dediqué aún más al estudio del desarrollo moral, no solo en lo clínico, sino en lo social y principalmente en el campo psicoeducativo, siguiendo el trabajo de investigadores prodigiosos como Turiel, Nucci, Rest, Berkowitz, Damasio… etc., que buscan constantemente el conocimiento pleno del ser humano en este aspecto.

El abordaje sobre la moral no es un tema aislado, tampoco se debe tomar como una temática de complejidad exacerbada, como lo hacemos en nuestras escuelas psicológicas. Lo sé, por mi recinto cognitivo en la TREC (Terapia Racional Emotiva Conductual) y en el fundamento de Viktor Frankl desde el Análisis Existencial, la Logoterapia. Es primordial el conocimiento del desarrollo moral como parte del desarrollo evolutivo, desde la psicología del desarrollo, para luego integrar este conocimiento a la escuela profesional a la que se pertenece y no al revés. La otra dificultad radica en que no se puede realizar un abordaje en todos los niveles, excepto, con una labor psicoeducativa y valiéndose de todos los medios posibles. El diseño de programas es uno de ellos; donde se incluyen una variedad de métodos, estrategias, técnicas y actividades aplicativas que demuestran ser muy efectivas en la intervención de diferentes problemas individuales o de grupos grandes; como en centros educativos, donde se utilizan eficazmente, aplicando, en primer lugar, instrumentos de diagnóstico pertinentes.

Bajo esta perspectiva, y gracias a mi labor independiente y como parte de una Institución que se desenvuelve en el campo educativo, la que me facilita la visita a colegios en diferentes distritos y niveles socioeconómicos, haya concebido una colección dirigida a padres de familia, cuidadores y formadores de niños y adolescentes. Una serie que consta de 12 fascículos bastante accesibles, desarrollados con un lenguaje claro y preciso que materializa las herramientas utilizadas en estas charlas y escuelas. Sin duda es un aporte formidable que pronto se podrá aprovechar gracias a PROGRAMAS PSICOEDUCA.

El libro, Psicología del Desarrollo Moral, trabajo del que estoy inmerso ahora, a diferencia de los fascículos, posee fundamentos e investigaciones que la ubicarán como material imprescindible de consulta. La explicación de cada componente que interviene en el proceso moral, del que he escrito ya en varias oportunidades en este blog: sensibilidad, razonamiento o juicio, motivación, conducta y finalmente el constructo moral, se han desarrollado ampliamente. Sin embargo, no está redactado con terminología académica incomprensible, y las neurociencias, las ciencias sociales y humanidades enriquecen gratamente el contenido. Todo público podrá hacer uso de él, principalmente del apartado sobre programas de aplicación en la última sección que la constituye.

Por cierto, en la unidad dos incluyo una investigación sobre «madurez moral», que busca claramente hacer una diferencia entre la creencia común de la moral que tienen las personas y que están más dirigidas al carácter y virtudes; y el fundamento académico que la mayoría no entiende. Adelanto una pequeñísima parte del contenido, convencido de que la información que usted lee le será tremendamente útil, al margen de si es autodidacta o un profesional conocedor de la psicología o pedagogía, diferente, claro, al Doc de mi importante hospital. Veamos, entonces los siguientes párrafos del libro:

Resulta de suma importancia resaltar la investigación de Walker y Pitts (1998) sobre las concepciones espontáneas o ingenuas de la madurez moral. Esta se enfocó en personas que buscaban un bienestar común para todos, o sea, que estaban involucradas en actividades de índole moral. El interés residía en encontrar nociones correspondientes a la excelencia moral y a la madurez moral de estas personas. Lo interesante es que se basa en dos criterios que deben complementarse:

(1).

Las teorías explícitas, comprendidas por las teorías ya conocidas de cómo funciona y es la moral desde perspectivas basadas principalmente en la filosofía.

(2).


Las teorías implícitas, que son las conjeturas que la gente de a pie tiene sobre el funcionamiento moral.


La importancia de las teorías implícitas (1) radica en la influencia que ejercen en el pensamiento moral de las personas, en las emociones que subyacen y en lo que se realiza diariamente; o sea, en lo que se vive a diario. En esta vivencia común y corriente, la madurez moral no está dirigida exclusivamente por el «razonamiento» de las situaciones, sino por el carácter moral o las virtudes de la persona.

Ahora, es común pensar que se debería tener una consistencia visible entre el juicio, es decir, el razonamiento y lo que se realiza moralmente; los investigadores la llamaron «integridad». La literatura sobre la moral no hace más referencias al respecto, quizás se ha incluido dentro del estudio de los valores y de la ética, pero no se ha analizado profundamente desde la psicología. Esta necesidad me lleva a desarrollarla en la sección correspondiente al carácter y conducta moral y en la aplicación del programa respectivo.

Del estudio de Walker y Pitts (1998), resulta una serie de atributos que las personas consideran definen a alguien moralmente maduro, las ordenaron de tal manera que arrojaron seis dimensiones interesantes a tomar en cuenta, las cuales reproduzco tal como lo puntualizan en su investigación:

1) persona con principios-idealista

2) fiable-leal

3) con integridad

4) caritativa-digna de confianza

5) justa (imparcial)

6) segura de sí misma

El objetivo de determinar estas características del funcionamiento moral fue la de concebir un modelo que permita la comprensión simple de su funcionamiento, priorizando en las concepciones espontáneas o ingenuas de la madurez moral y determinando los atributos que las definen. Nos acerca mucho a nuestra vivencia diaria, a lo que experimentamos en nuestra interacción constante con los demás. Un proceso simple que se convierte en algo complejo cuando se lleva a la teoría, por esta razón es tan indiferente o distante para todos.

Interesante ¿no? Los atributos que se formularon nos ayudan mucho a identificar lo que todos, en el plano común, tomamos en cuenta al hablar de alguien que realiza acciones morales, o mejor dicho es moralmente maduro. Al mismo tiempo es fundamental porque nos permite tomar como modelo a este individuo con facilidad; y, obviamente, para desarrollar estrategias que apunten al desarrollo moral si estamos dedicados a la formación de niños, adolescentes y adultos.


Luis Enrique Olaya Céspedes.




miércoles, 24 de enero de 2018

El análisis existencial para el desarrollo moral de la familia.



El hombre en busca de sentido. El Psiquiatra austriaco logró sobrevivir convencido de que tenía una misión importante, fundamentando luego que todos tenemos una.

El trabajo del neurólogo y psiquiatra austriaco Viktor Frankl, es uno de los más importantes paradigmas interesados en la profundidad del pensamiento humano. Parte de un fundamento filosófico antropológico en cuanto el hombre así lo exige. Los que han tenido la oportunidad de conocer su obra escrita reconocen de inmediato el valor de los principios que se esmera en profesar; Frankl se centra en la existencia, con la certeza de que todo individuo puede encontrar un fin, una razón para vivir, a pesar de estar inmerso en condiciones infrahumanas.

Como no hacerlo, si vivió en carne propia la barbarie político-militar de la II Guerra Mundial morando en el lugar menos privilegiado de una estructura social-artificial inhumana; donde fue arrojado a barracas o corrales; alimentado con pan y caldos cuando las circunstancias eran favorables; usando ropa y calzado inservibles para protegerse del frío; y conviviendo con enfermedades que se disputaban las listas de desdichados elegidos para las duchas de gas.

Cuantos han vivido situaciones penosas, quizá traumáticas, que han marcado su forma de pensar y de actuar, llevando a sugerir que la vida no tiene ningún sentido porque está llena de dolor y sufrimiento. A pesar de esta realidad, muchos han podido superar esta percepción de su existencia logrando desechar condiciones insanas de forma absoluta. Actualmente tenemos herramientas psicológicas con las que podemos revertir estados críticos, mejorando notablemente y permitiéndonos seguir en el camino de vida. La escuela fundada por Viktor Frankl, «La Logoterapia», a partir del llamado «Análisis Existencial», ha aportado sobremanera en el trabajo psicológico actual dirigido a esta problemática. Es necesario citar que a diferencia de la escuela freudiana, donde el impulso prima y supone la existencia de una «voluntad de placer», y la «voluntad de poder» fundamentada por el excepcional Adler; Frankl defendió la «voluntad de sentido» como principio de su teoría.

Hoy, gracias a los avances respecto al estudio psicológico del hombre, podemos determinar procesos más allá de algo llamado “voluntad”; o mejor dicho, elementos y procesos objetivos y concretos que llevarían a prescindir de este término. No es mi intención hacer una crítica respecto a lo que es «voluntad»; sería mejor dejarlo en el campo filosófico o pedagógico por resultar prácticamente impreciso dentro de la objetividad en psicología; sin embargo, ya que el trabajo de Frankl oscila entre la psicología y la filosofía y es pieza clave en su fundamento, entonces, sí debemos tomarla en cuenta.

¿A que se refiere con voluntad de sentido? El análisis existencial vislumbra al ser humano interactuando en tres niveles: físico, psíquico y noético; que al mismo tiempo es una sola unidad. Este último, parte en realidad de un término alemán que no tiene una traducción precisa. La palabra noética utilizada sería el nivel «espiritual» del ser humano. En su libro El hombre en busca de sentido, donde narra las experiencias en diferentes campos de concentración, nos da cuenta de una fuerza que lo lleva a sobrevivir, donde incluye al amor y la visión de un fin a llevar a cabo más allá de su condición de prisionero. A pesar de toda la desdicha vivida, y a pesar de haber perdido a su esposa y a sus padres en estos campos nefastos, encontró una fuerza que lo aferró a la vida. Para Frankl esta voluntad de sentido está presente en todo ser humano y nuestro trabajo es encontrar este motivo, el motivo de nuestra existencia. Su visión humanista es realmente conmovedora y motivadora.

Actualmente la escuela de Viktor Frankl ha sido enriquecida con aportes que permiten su aplicación en distintos ámbitos y necesidades. Pueden informarse al respecto en sus páginas oficiales, o participar de sus cursos y formación que imparten alrededor del mundo. El análisis existencial es muy valioso al elaborar estrategias, no solo en el campo psicoterapéutico, sino en el psicoeducativo, específicamente en el campo del desarrollo moral.


¿Qué hacer cuando es inevitable el sufrimiento? ¿Es posible que encontremos una fuente de sentido aquí cuando psicológicamente se han anulado los recursos? No debemos justificar el sufrimiento de nadie, por ningún motivo; e Ignorar o ser indiferentes al sufrimiento de otros seres humanos nos hace cómplices, en el plano moral, del agresor.


La familia, como eje fundamental de la sociedad, ha soportado el peso del cambio social a lo largo del tiempo, y quizá haya permanecido en pie, pero, sin duda, su estructura necesita ser fortificada, especialmente en el aspecto moral. Los padres necesitan de información para su desarrollo personal y pautas de crianza perdurables para sus hijos. Los principios de Viktor Frankl están a disposición para esta tarea.

Anoto brevemente algunos principios basados en el abecedario para la educación desde la Logoterapia, adaptado y dirigido al desarrollo del dominio moral de la familia:

A.

En principio, la perspectiva humanista que desarrolla el análisis existencial coincide, obviamente, con otras escuelas donde el potencial del individuo determina su desarrollo. Entonces, no debe verse a nadie como enfermo o escaso (menos a nosotros mismos), sino con posibilidades de ser íntegro y moral; porque negarlo llevaría a sobreprotegerlo o a justificar sus actos ocasionando que no se responsabilice de las consecuencias.

B.

El hombre tiene la facultad de ser. Podemos decir que es posible ubicarnos en el más alto estadio del desarrollo moral, porque puedo llegar a ser, dejando lo que soy ahora, este «ya no soy» quedará en el pasado a partir de este momento.

C.

Creemos lo que somos consolidándolo con autodeterminaciones. Al decirnos «así soy yo», «siempre seré lo que soy», «así es mi vida y tengo que aceptarla»,… anulamos nuestra libertad como seres humanos. Y si lo hacemos con lo demás, anulamos también su libertad.

D.

Educamos para que sean responsables. En especial los adolescentes deben de asumir las consecuencias luego de los actos, más aún que solo decir la verdad.

E.

Reforcemos nuestras habilidades, no las descuidemos. Es importante no dañar la autoestima, por lo tanto descartemos el tratar de desarrollar habilidades recurriendo a retos (como muchas veces lo hacemos con nuestros hijos), porque su desarrollo comprende un proceso acorde a su personalidad y otras características. Tenemos que respetarlas.

F.

El mundo no es el que queremos para nosotros, y menos para nuestros hijos. Debemos tener en cuenta la siguiente cuestión: ¿Criamos personas para que se adapten a la sociedad o criamos personas que cambien el mundo e ir en contra de lo establecido? La idea es crear siempre un ambiente de reflexión que le permita desarrollar sus propias ideas; una vida propia para el futuro pero armoniosa y respetuosa de la diversidad.

G.

Cada persona es una personalidad, y el niño y adolescente una en desarrollo. Cuidemos su salud íntegra para un fin, que se llene de energía para que encuentre su esencia y sentido. Que se llene de salud para existir.

H.

Buscar los contenidos significativos de todo lo que nos pasa y les pasa a nuestros hijos, a nuestra familia. Aprendamos y enseñemos a reflexionar, porque hay muchas posibilidades de aprendizaje.

I.

Aprendamos a ser tolerantes respecto a nuestras frustraciones, no podemos tener todo lo que queremos, y enseñemos a nuestros hijos que no son los dueños del mundo.

J.

La formación, los valores de casa, y las tradiciones son importantes para todos los miembros, para la unión y para nuestra identidad como familia. No obstante se debe ir descartando todo costumbre que perjudique y dañe a los miembros.

K.

Las normas escolares y las de los diferentes grupos sociales son importantes para la formación de nuestros hijos y es imprescindible que ayudemos a todos los miembros en la integración de ellas.

L.

No olvidemos el cuidado y el respeto del medio ambiente. Tiene mucho que ver con la equidad generacional; debemos de tratar de dejar un mundo mejor para las próximas generaciones.

M.

Educarnos y educar sobre los beneficios y peligros de los medios de comunicación, del internet, de la publicidad, del mecanismo consumista; ya que es posible que surja dependencia y a la vez frustración.

N.

La globalización e información ataca directamente a lo tradicional, a la perdida de la identidad, a la pérdida de las tradiciones que por siglos forjaron nuestros antepasados, nos equivocamos al tratar de imitar culturas ajenas. Es recomendable, en todo caso, ir buscando, naturalmente, lo que deseamos sin perder nuestra identidad.

O.

Fomentar nuestro desarrollo y el de nuestros hijos, descartando las drogas, el alcohol y otras sustancias. Debemos ser nosotros mismos y nuestra estructura psicofisiológica sin otro estímulo que el de la motivación.

P.

Construyamos una conciencia crítica, es lo que nos mantendrá libres de otros criterios de acondicionamiento, como el placer y poder.

Q.

El desarrollo de la voluntad de sentido, sentido de vida (base fundamental de Frankl). A partir de allí se añade lo que compete al placer y al poder. No al revés.

R.

El tiempo objetivo es el del reloj, este pasa; el tiempo subjetivo es el de la vivencia, que es eterno, metafóricamente hablado. Elige el tiempo donde desees vivir aun sabiendo que la vida es una sola.

S.

No se busca el sufrimiento, pero cuando es inevitable debemos estar preparados para aprender de él y no ser víctimas. Aquí podemos encontrar la fuente más alta de sentido de vida, pero no se debe sufrir para hallar sentido en la vida. Ni tampoco obsesionarse en tratar de evitarlo.

T.

El altruismo y la autotrascendencia es fundamental. Quiere decir que salgamos a buscar, que vayamos al encuentro con el otro, para aprender y sensibilizarnos.

U.

Desarrollar valores. No obstante, no se pueden aprender de forma racional, o estudiándolos, sino viviéndolos, experimentándolos, practicándolos. Recordemos que la gran mayoría de los valores impuestos se manejan bajo muchos prejuicios.

V.

Modelemos los valores, demos el ejemplo a nuestros hijos. En la escuela y en la casa tratemos de practicar la democracia.

W.

Vivimos en una sociedad creyente de Dios por tanto los niños deben estar inmersos en ideales positivos que posibiliten su desarrollo moral evolutivo y puedan enfrentar sus dificultades, y la creencia en Dios es uno de ellos. Más adelante tendrán la posibilidad y libertad de elección.

X.

Los desvalores y sinsentidos es parte de nuestra vida cotidiana adulta. Cuidemos de no contagiar posiciones negativas propias de esta realidad adulta a los niños.

Y.

La vida es sentido. Aprender a pensar y decir: Sí a la vida… a pesar de esto o aquello. La vida no puede carecer de sentido, la vida es sentido.

Z.

En el mundo de actitud, o sea, de nuestras capacidades, habilidades, características, formas de afrontar etc, de cómo tomemos la vida, cada uno será, y también nuestros hijos, escritor y protagonista de su propia historia.


Giovanni Battista Torriglia (1858 – 1937), representó vivamente escenas de familias campesinas italianas. Las imágenes acogedoras y de gran afectuosidad son representaciones de un estilo familiar particular. ¿Es posible representar esta imagen hoy?

El análisis existencial, quizá no tenga la amplitud pública que poseen otras escuelas dentro de la psicología, no obstante su riqueza para el abordaje es indiscutible, porque nos apresta a descubrir ese tan preciado motivo o fin que necesitamos para nuestra existencia. Sin duda, la carencia de este sentido nos lleva al fracaso humano, no podríamos descartar elementos que interrumpen o arruinan la convivencia sana con nuestro entorno. Y es lo que sucede, por eso existe la explotación, el trato deshumanizado justificado por objetivos materiales, la delincuencia,…; y principalmente, dentro del núcleo familiar: la violencia, el abandono, la negligencia, etc. Porque la falta de voluntad de sentido, y más, el aferrarse al poder y al placer, oscurece la adherencia de sus miembros, priva al seno doméstico de todo lo necesario para su bienestar, cuidado y desarrollo.

Los principios del análisis existencial y la Logoterapia de Viktor Frankl, aplicado al trabajo psicoeducativo familiar, posibilita a alumnos, padres de familia y docentes a actuar bajo una perspectiva distinta, llevándolos más allá de la funcionalidad de sus labores; además, los compromete con ideales de moralidad que fluyen naturalmente del individuo a la familia y de la familia a la sociedad. Nosotros la incluimos convenientemente en nuestras charlas, escuelas de padres e intervenciones psicoeductivas. Aprovechemos herramientas como esta para hacer de nuestra familia un árbol fuerte, de raíces sólidas y con abundantes frutos. Puede usted aprovechar estos principios básicos.


Luis Enrique Olaya Céspedes – Psicología del desarrollo de la moral.


Fuentes:
  • El Abecedario de la Logoterapia para la educación. Página oficial Logoterapia para américa latina.
  • El hombre en busca de sentido - Viktor Frankl.
  • Psicología del desarrollo moral - Material para escuela de padres de Programas Psicoeduca.
  • De Freud a Frankl: El nacimiento de la Logoterapia - Eugenio Fizzotti.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Sobre literatura, psicología y moral




La novela psicológica (realismo psicológico) permanece en nuestra historia literaria de manera sólida y atrayente, y es innegablemente necesaria. Nos permite encontrarnos de frente con situaciones y personajes de ficción muy cercanos a la realidad; es obvio, por cuanto esta ficción parte de la observación profunda de otros individuos. El autor exhuma su propia psicología en un trabajo del que ningún «ejecutor» del género ha podido escapar, entregándonos envueltos en complejas emociones obras realmente perdurables.

El mismo Fiódor Dostoyesvski proyecta su adversa vivencia real a sus obras, causando, en efecto, lo que ya conocemos: Una descripción gráfica de los estados emocionales, del pensamiento y acciones que los personajes ejecutan. La característica principal que la diferencia de otros géneros es que el contexto pasa a segundo plano, pero este no es menos importante.


Fiódor Dostoyesvski es quizá para muchos el más importante representante
de la novela psicológica. Su vida llena de vicisitudes marcó su manera
de ver la realidad, reflejándose claramente en su obra.

La novela psicológica ha influenciado a la narrativa psicoterapéutica, promoviendo elementos y estrategias sutiles dentro de sus párrafos bajo historias reales o ficticias con las cuales el lector puede identificarse. Además, es recomendable hacer una selección minuciosa de lo que podamos leer y que nos conecte con una realidad objetiva lejos de falsas expectativas o situaciones mágicas, que gracias al marketing y medios creeremos cambiará el rumbo de nuestras vidas. Sugiero la lectura de grandes clásicos: Cervantes, Erasmo de Rotterdam, Dostoyesvski, Camus,… Pérez Galdós, etc; la lectura de ensayos sobre psicología y filosofía, y literatura de corte psicoeducativo.

Podemos considerar que la literatura tiene una fuerte influencia sobre el desarrollo moral según el contexto y el entorno. En los niños es imprescindible porque completa la acción pedagógica en la escuela. Se plantea como ejecutora porque está ligada netamente a la conducta, y dirigida adecuadamente tiene un gran poder sensibilizador, de tal manera que podemos desarrollar la empatía con otros individuos y/o situaciones adversas, en otras palabras humanizarnos. Al tener una lectura comprometida nos integramos emocionalmente con el autor, y responderemos cognitiva y emocionalmente, acorde a la etapa de desarrollo en la que nos encontramos. Los contenidos de muchos textos pueden ser aprovechados gracias a nuestro proceso natural de aprendizaje. Es válido entonces conjugar la fortaleza cognitiva y emocional dirigida a la acción; y desde luego es importante como elemento de grandeza creativa y cultural.

La novela psicológica o de realismo psicológico debe estar en nuestra agenda rutinaria de manera obligatoria por la riqueza de su realismo, que sin duda se acercará a nuestra propia realidad psicológica.

Luis Enrique Olaya Céspedes.


Psicología Clínica – Educativa



sábado, 6 de agosto de 2016

La familia y el desarrollo moral



Indudablemente cada familia tiene sus características, tiempo, contexto, componentes,… Ana Frank y su familia tuvieron que vivir una de las peores atrocidades de la humanidad.


Hace una semana cerramos un proceso de evaluación en una institución educativa al sur de la capital. El proceso cumplió las expectativas ampliamente acercándonos a la situación familiar de cada niño y su problemática, donde pudimos, también, abordar dificultades inmediatas por medio de técnicas de terapia breve, psicoeducación, consejería y orientación.

Uno de los instrumentos de evaluación utilizados fue la Escala del Clima Social Familiar (FES). Este instrumento nos ha permitido obtener información relevante y problemática que parte, en su mayoría, de la inadecuada interrelación familiar, que sin duda es uno de los más graves problemas psicosociales en todo el mundo. No es posible negar la gran importancia de la familia (institución) representada como la unidad básica de toda sociedad. Cumple un rol decisivo en la formación del niño, adolescente y del joven adulto porque es prioritaria, e involucra también al cuidado del adulto mayor, muchas veces en abandono. Freedman (1980) señaló: “La interacción dinámica desarrollada en la familia, junto a una serie de elementos estructurales que la condicionan, son los portadores de un clima que contribuye al desarrollo de sus miembros”.

La educación, la alimentación, la salud y vestido son primordiales en esta tarea; y el conocimiento, la supervisión o control adecuado de la conducta y de los acontecimientos de cada uno de los integrantes no se excluyen de esta función. De acuerdo al FES de Moos, podemos considerar tres dimensiones fundamentales que parten de las relaciones interpersonales entre los miembros, los aspectos desarrollados, en proceso o nulos y finalmente su estructura básica. Las incluyo aquí para tener una visión general, comprometiéndome a analizarlas detenidamente en las próximas semanas.

Dimensión de relaciones: Donde podemos ubicar el grado de comunicación, libre expresión e interacción conflictiva que caracteriza a la familia (cohesión, expresividad y conflicto).

Dimensión de desarrollo: Se ubican los procesos de desarrollo personal que se fomentan o no en la convivencia familiar (autonomía, actuación; aspectos como el intelectual-cultural o el social-recreativo, y finalmente la moralidad, considerando el tipo de religiosidad según la creencia familiar).

Dimensión de estabilidad: Ubicamos a la estructura y organización de la familia, y el grado de control que ejercen unos miembros sobre otros (organización; planificación de las actividades y responsabilidades de cada miembro y la familia en sí, y control; donde se ubican las reglas y procedimientos establecidos).


Muchas veces la familia feliz se convierte solo en un ideal,
la realidad es más compleja y muchos de los problemas psicosociales
parten de un clima familiar inestable.

Entendemos así la gran tarea de la familia y sus muchos aspectos aquí brevemente citados, e igualmente nuestro rol dentro de ella, pero que muchas veces no perpetramos o lamentablemente no consideramos importantes. Este entendimiento es parte de nuestro desarrollo psicológico moral. Cada dimensión en concreto, consecuencia de la interacción, aspectos y estructura, están integradas al mismo tiempo por elementos individuales que componen a la familia; rasgos de personalidad y carácter, respuestas emocionales a estímulos, etapas de desarrollo cognitivos de acuerdo a las edades, respuestas conductuales,…

Pero no nos compliquemos, la dificultad del abordaje por las extensas características que las familias poseen y más respecto a su moral, recae sobre nuestra profesión y el trabajo psicoterapéutico; pero desde nuestro enfoque psicoeducativo podemos todos, sin excepción, utilizar herramientas que permiten el desarrollo de estos grupos de interacción. Podemos destacar que mucha de estas tareas y criterios fueron plasmados por pensadores imperecederos en diferentes etapas de nuestro desarrollo histórico y social. Podemos tomar en cuenta por ejemplo las “máximas universales” que dictan nuestra dirección y que a ciencia cierta parten de nuestra condición psicológica (biopsicosocial – cultural) como seres humanos. Algunas estrategias que encontramos en la segunda parte del libro sobre psicología moral, parten de estos criterios lógicos, y al mismo tiempo concretos y de fácil aplicación.

Ahora, resultaría factible partir del pensamiento de David Hume porque seguimos abordando la sensibilidad moral (componente primordial en el desarrollo moral familiar); puesto que afirma: “El sentimiento moral,…, y no la razón, constituyen la competencia moral fundamental, portadora de ilustración y de civilización”. Sin embargo si articulamos sobre “máximas universales” la razón de Immanuel Kant siempre estará presente, aunque nos aleje un poco de la importancia de las “consecuencias”.


Königsberg. Kant el primer representante del critisismo, y en mérito
precursor del idealismo alemán.

Kant nos expuso su riguroso y austero, pero al mismo tiempo grandioso pensamiento desde su vida académica y “solitaria” en Königsberg. El Imperativo hipotético que Kant conceptualizó es una orden (imperativo), en el que implícitamente, existe una gama de condiciones que acompañan a este mandato, condiciones que van asociadas a esta orden. Por ejemplo: “No tomes licor”. Percibimos que hay muchas asociaciones como: “si no quieres derrochar el dinero”, “si no quieres crear malestar a tu familia”, “si no quieres perjudicar tu salud”. Naturalmente si no hay preocupación, o existe poco interés por no perder dinero valioso para la familia, crear molestias o perjudicar la salud, la orden inicial no tiene ningún valor, no se está obligado a cumplir. Pero con un imperativo categórico, no existen condiciones adicionales, ni de naturaleza implícita ni explícita, es un deber absoluto e incondicional: “no mates”, “no mientas”… pero esto va más allá.

Tras cada acción, subyace una “máxima” (regla de conducta). Resulta factible de asumirlo psicológicamente; primero, porque implica a la autonomía, dado que es un estadio mayor en el desarrollo cognitivo evolutivo del individuo; y segundo, porque sugiere un proceso cognitivo superior de razonamiento moral. Kant vislumbró al pasar de un dominio lógico a un contenido moral concreto. La segunda formulación del imperativo categórico es: “Actúa de tal modo que nunca trates a la humanidad, en tu persona o en la persona de otro, como un simple medio, sino siempre también como un fin.”

Más Interesante aún si comprendemos su ampliación hacia la acción de nuestros semejantes: “Tratar a los demás como un simple medio para propiciar los propios intereses degrada o destruye su capacidad de actuar.” Lo que resulta como el reconocimiento de derechos básicos que pertenecen a los otros, y que son imposibles de negar.

El clima familiar es un factor superior en la salud y en el desarrollo multifactorial de los niños, adolescentes y todos sus miembros en general; la interacción familiar influye dentro y fuera hacia sistemas más amplios, como el económico, político, social entre otros. La moral constituye un elemento fundamental en la creación de sociedades maduras, a partir de las familias y al mismo tiempo a partir del individuo. El desarrollo de programas psicoeducativos nos lleva a analizar diferentes pensamientos filosóficos, artísticos, científicos, culturales, etc., desde la psicología, de tal manera que podamos abordar situaciones problemáticas con objetividad y pluralidad. Y principalmente, que estos programas puedan llegar a las manos del individuo y de las familias que indudablemente las necesitan. Todas estas estrategias y programas acompañan al fundamento teórico del libro sobre Desarrollo Moral en proceso de edición.

Luis Enrique Olaya Céspedes


Psicología del desarrollo moral.

jueves, 7 de julio de 2016

Sensibilidad moral y el pensamiento de Günther Anders



Recordemos a Günther Anders, porque dentro del estudio psicológico de la sensibilidad moral, no solo es importante dar a conocer los fundamentos que nuestras escuelas de formación, la carrera y lo que la experiencia misma nos ha enseñado. Es recomendable reconocerlo desde distintos campos de estudio para ampliar nuestro horizonte. En este caso porque el producto llamado pensamiento filosófico es un elemento imprescindible para clarificar puntos de partida para la psicoeducación, y más aún si germinan de filósofos como Günther Anders y su visión fenomenológica de la realidad, donde nos convence de prestar atención a los acontecimientos en el momento en que se desarrollan.

¿Por qué citar su filosofía dentro de la sensibilidad moral?, por el uso innegable de las emociones y de nuestra imaginación. Dice Anders: “La magnitud de los efectos de nuestra acción excede con mucho nuestras facultades psíquicas, en concreto nuestra imaginación, incluyendo el sentir y la responsabilidad”. Psicológicamente lo expresamos de la siguiente manera: La limitación de nuestros procesos corticales superiores de representación abstracta llamada imaginación y la limitada respuesta emocional a estímulos, llámese sensibilidad hacia los hechos, nos impide registrar responsablemente la realidad; o sea, limitando la reflexión, gestión, orientación, análisis y principalmente tomar en cuenta las consecuencias de los actos.

Procuremos unas cuantas líneas inteligibles a este importante académico de origen polaco.


Günther Anders, cuyo  nombre fue Günther Stern. 
Adoptó el seudónimo por sugerencia del editor de la revista cultura 
de la Bolsa berlinesa, poco tiempo antes de la llega del poder nazi.

Tres naves aéreas se dirigen hacia la zona establecida dentro del plan de acción bélica coordinada por el comité científico-militar en el Laboratorio Nacional de los Álamos. Es el 6 de agosto del año 1945. La carga de uno de los aparatos aéreos es trascendental porque demostrará al enemigo y al mundo su amplia superioridad beligerante. El piloto que acompaña esta misión es el experimentado Claude Eatherly de la fuerza aérea norteamericana, quien con una de sus manos tantea los mecanismos de medición que utilizó desde su nave auxiliar antes que su compañero del B-29 concrete la acción definitiva. Se siente ansioso, pero está muy lejos de concebir a ciencia cierta cuales son y serán las consecuencias de la misión que le encomendaron. Esta circunstancia marcará al mundo llenándolo de terror y de profundo pánico por mucho tiempo y lo hará hasta pasados nuestros días. Es el conocido “piloto de Hiroshima”, y nombre de uno de los principales libros de Günther Anders.

El criminal nazi Adolf Eichmann es sentenciado y luego ejecutado en 1962 en Israel, después de una larga búsqueda, de evasión y vergonzoso abrigo por parte de un gobierno sudamericano. Sus actos Inhumanos, su convicción y en suma su personalidad coincide con la crudeza de sus compañeros de élite, seguidores y admiradores de Hitler. Es el responsable directo de la llamada “solución final” del que unos seis millones de personas fueron aniquiladas, cifra que es parte de un número general aproximado a 20 millones de personas asesinadas en todo el régimen nazi.

Eatherly se responsabilizó solo del acto en el que participó, y Eichmann dijo solo ser una pieza más de esa máquina (de aniquilación). Estos casos son paradigmáticos y que al analizarlos insinúan lo siguiente: el sistema técnico, maquinal, tecnológico,… no responsabiliza al hombre. En el caso del piloto, haberse responsabilizado por el acto en el que participó solo avala el proceso en el que estaba inmerso, siendo una ejecución sin crítica; sin inconformismo, sin autonomía, que nos es imposible de aceptar y menos consentir en ambos casos. El aparato técnico implica una estructura y también una lógica funcional que limita la imaginación y la responsabilidad, pero que naturalmente no los limpia de su culpa frente al mundo.


"El piloto de Hiroshima", obra imprescindible de Günther Anders

Ellos son claves para el desarrollo del pensamiento de Günther Anders, como la Primera Guerra Mundial, el nazismo de los años 30, Hitler, los campos de concentración; específicamente Auschwitz, y las destrucciones a Hiroshima y Nagasaki. El análisis que lleva al diagnóstico situacional es amplio, y lo podremos leer en su totalidad en el libro sobre desarrollo moral impreso y electrónico pronto en el mercado. Resaltemos aquí a Hiroshima, porque como él refiere, “desde ese día somos totalmente impotentes”. Este momento representa incertidumbre y probablemente la dirección hacia un proceso autodestructivo, y bajo este modelo determina lo obsoleto del individuo con relación al nivel de perfección de sus propios productos. Lo llamaremos hoy poder tecnológico, que es estudiado concretamente en su llamada “filosofía de la ocasión” [Gelegenheitsphilosophie], donde el objeto es la “ocasión-situación” del acontecer del ser humano.

No es necesario ahondar en sus recursos epistemológicos y principios metódicos, pero sí tratar de extraerlos como elementos psicológicos para identificar su práctica. Cómo la exageración como método, ya que al sobredimensionar los fenómenos para exponer los efectos que pueden ser catastróficos, podemos anticiparnos a ellos de alguna manera. Se recurre a esta idea porque la posibilidad de la repetición de lo horrendo está aún presente día a día, y es más, está ocurriendo. El miedo como forma de aproximación al producto o resultado técnico de forma cuantitativa, y como componente emocional para no ser solo espectadores pasivos, nos permite visualizar los peligros y amenazas, pues, como él dice: no queremos ver, no podemos ver, o no nos es permitido ver.

Y la imaginación, como punto principal del post, que a diferencia de ser un potencial creativo, y como elemento esencial en la producción artística del individuo creador, no es actualmente una facultad desbordante, hablando en términos generales y desde el punto de vista de Anders. Porque hay una desproporción existente, un desnivel que amerita una educación de la imaginación moral. ¿En qué sentido?, en la búsqueda de elasticidad imaginativa, para despertar la sensibilidad sobre la naturaleza de nuestros propios productos, y las catástrofes que podemos provocar. Definitivamente necesarios para comprender la desigualdad entre hombre y producto.

Esta imaginación nos llevará a la sensibilidad moral, nos hará comprender el aparato, y nos conducirá a hacerlo efectivo y real conductualmente, desde nuestras emociones, sentimientos y desde luego desde nuestra cognición. Lo preocupante es la no imaginación, no poder representarnos lo que es posible y menos poder anticiparnos.

La tecnología nos ha facilitado en gran medida el dinamismo en nuestra vida cotidiana, visto desde un plano superficial, es factible. Pero el trasfondo real, analizando con criterio, sí que es de temer y no solo en el campo bélico sino en todo lo producido tecnológicamente. Coincidiendo con el pensamiento de Günther Anders, este "desarrollo" nos amenaza cada vez más con poder y violencia. Lo expone en sus tesis fundamentales: "El hombre no está a la altura de sus productos (de la perfección que estos poseen); el hombre produce más de lo que puede imaginarse y más aún responsabilizarse, y que erróneamente piensa puede hacer todo lo que es capaz de producir y lo que es peor, debe hacerlo". La tecnología en sí, sus procesos, sus métodos,… todo esto se escapa de las manos del individuo y este se convierte en su subordinado.


La Obediencia. Obra teatral basada en la correspondencia entre Anders 
y el llamado piloto de Hiroshima. Uno de los dramas que reflexiona sobre la responsabilidad y la culpa. La obediencia y sus consecuencias.

Los aspectos emocionales que Günther Anders ha tomado en cuenta en sus métodos, son factibles en el trabajo psicológico. La sobredimensión de los avances técnicos, como el desarrollo de bases nucleares, la experimentación del ADN, la tecnología bélica, hablando a escalas mayores, nos harían comprender un posible peligro. El miedo como respuesta emocional a acciones, métodos, mecanismos, procesos peligrosos, conductas a partir de instrumentos tecnológicos, como por ejemplo; sobre la información irresponsable y enfermiza en internet que va directamente a los niños y adolescentes, nos mantendrán presentes frente al peligro y podremos reconocerlo. Y la imaginación que despertará y harán una conexión emocional importante, permitiéndonos la capacidad de sentir y humanizarnos frente a situaciones en las que muchas veces estamos o nos consideramos lejanos. Todas estas realidades emocionales son indispensables para el estímulo e incremento de nuestra sensibilidad moral en cada una de las situaciones dónde el individuo resulta afectado.

¿Debemos entonces seguir pasivos o asumir la realidad lo más concretamente posible, para disminuir los riesgos a nuestro alrededor? Recomiendo plenamente la lectura del pensamiento fenomenológico de Günther Anders y por su puesto su enlace con la psicología y la psicoeducación siempre presentes en estos post.

Luis Enrique Olaya Céspedes

Psicología del desarrollo moral.